Cuando llega el bloqueo mental.
Cuando una pieza no sale y aparece ese aturdimiento, lo útil es detenerse. No empujar. Vuelve a lo básico: respiración tranquila, cuerpo suelto y un objetivo interpretativo simple. Desarma la obra en fragmentos pequeños y recupera claridad paso a paso.
La mente se aquieta cuando vuelves al presente físico y a una sola intención musical. Desde ahí, la interpretación se ordena sola.
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